SEGUNDA PARTE POR MÉXICO: DE PALENQUE A CHICHÉN ITZÁ

Lo último que habíamos recorrido por Chiapas fue Palenque, donde vistamos los restos de una ciudad maya del período clásico, entre los siglos II y IX DC. El sitio es famoso por la tumba de Pakal, hallada dentro de una pirámide y que algunos interpretaron como un prueba de la presencia de los extraterrestes. La mayoría de las ciudades mayas clásicas se encuentran en medio de la selva, en lugares actualmente poco aptos para el desarrollo de semejantes urbes, y menos aun con los medios de explotación agrícola de la época. Aparentemente, los mayas sobreexplotaron el terreno y la población debió emigrar a zonas más favorables o menos desgastadas que pudieran sostener la subsistencia de la población. Sus sistemas de gobierno, basados en el poder de una casta sacerdotal y guerrera que vivía del trabajo del resto de su pueblo (por eso, pudieron edificar, como símbolos de su poder, los monumentos que podemos apreciar ahora), colapsaron junto con ellos. Una debacle económica determinada por una crisis ecológica. Suena conocido.

Desde Palenque continuamos nuestro recorrido hacia la otra zona maya, la península del Yucatán, donde los mayas se reubicaron y volvieron a construir sus ciudades y sus magníficos monumentos. Pero antes, debíamos resolver si tomábamos una ruta que aparentaba desolada y poco poblada, yendo por la ciudad de Escárcega, o una más larga pero con más ciudades, internándonos en el estado de Tabasco y pasando por Campeche siguiendo la costa del Golfo de México. Influyendo en la decisión estaba el hecho de dónde caer para fin de año, si en un pequeño pueblo en la ruta o en una ciudad como Villahermosa, la capital de Tabasco. Decidimos hacer unos 200 km de más y tomar esta última opción.

El 30 de diciembre retomamos la carretera. Hicimos bastante rápido los primeros 30 km hasta el cruce donde debíamos decidir qué hacer. El fuerte viento en contra en la dirección de Escárcega nos terminó de convencer y seguimos para Villahermosa. Esa noche dormimos al lado de otra cascada, Agua Blanca, acampando nuevamente bajo una palapa. La cascada estaba 8 km cuesta arriba en un desvío del camino absolutamente rural, con casas de campesinos al costado de una ruta en mal estado, con aves de corral y perros que nos ladraban al pasar y gente realizando faenas del campo, machete en mano. Arriba no había comida, salvo la que vendían unas mujeres que hacían a leña “antojitos mexicanos”. No era una mala opción pero sólo le quedaban empanadas, para nosotros extrañamente condimentadas con salsa picante y ensalada.

Al día siguiente, el último del año 2009, llegamos a Villahermosa por una ruta que se había vuelto ancha y bastante buena para la bicicleta. Villahermosa no nos pareció que honrara su nombre: tráfico enloquecido y un centro caótico.

El primer día del año nos encontró pedaleando por los pantanos de Centla, la zona donde Hernán Cortés dio sus primeros pasos de conquista, y donde la famosa Malinche le fue entregada por el soberano del lugar. El día pintaba soleado y pesado, pero hacia el mediodía, mientras observábamos una zona llena de vida, se desató una tormenta que duraría hasta bien entrada la tarde. Empapados llegamos a Frontera, una ciudad mucho más agradable que Villahermosa. Allí paramos en un hotel manejado por un hombre muy simpático, que era el cuñado del dueño del hostel en que habíamos estado la noche anterior en la capital de Tabasco. A recomendación suya comimos unos tacos pastor, muy ricos pero de dudosa salubridad. Aunque, a decir verdad, no hubo consecuencias de ningún tipo.

A partir de Frontera continuamos siguiendo la costa del golfo de México. La ruta seguía una estrecha franja de tierra entre el mar y los pantanos de Centla, que posteriormente fueron reemplazados por una enorme laguna, llamada Términos. En algunos momentos teníamos el mar de un lado y la laguna del otro, más el agua que nos caía del cielo porque continuaba lloviendo. La jornada fue larga, llegamos casi de noche a un puente de 4 km de longitud que cruzaba un brazo de mar hasta Ciudad del Carmen.

Esta parte de México era bastante diferente de Chiapas. No se veían campesinos indígenas, mucho menos zapatistas, aunque sí seguían pasando camiones del Ejército y convoyes militares. La gente nos gritaba “gringos” sólo ocasionalmente; el ambiente campesino había cambiado y era más mestizo. Música de distintos estilos mexicanos, o cumbia, salía de las casas, más el olor a chile, otra característica nacional. Un ambiente de pescadores se fue agregando a medida que nos acercábamos a la costa.

Al día siguiente, Karina se sentía muy cansada y le costó mucho llegar a Isla Aguada, a 45 km de Ciudad del Carmen. Dejamos las bicis en un pequeño hotel de la isla y volvimos en combi colectivo a la ciudad que habíamos dejado atrás a la mañana, para ir a un hospital. Le diagnosticaron una fuerte infección urinaria, y no andar por dos o tres día s en bici. Frente a este panorama, y como en Isla Aguada no había mucho que hacer, subimos todo a un ómnibus y fuimos directo a Campeche, para esperar la recuperación en un sitio más agradable e interesante. De esa manera volvimos a acortar en 150 km los 200 que habíamos agregado con el cambio de ruta en Villahermosa, aunque esta vez involuntariamente.

CAMPECHE Y LOS PIRATAS
La ciudad de Campeche es una agradable urbe costera cuyo barrio histórico fue nombrado patrimonio mundial por la UNESCO a causa de las fortificaciones que los españoles debieron edificar para detener los ataques de los piratas.

Campeche era una de las principales ciudades costeras de la zona y era usada como puerto por los navíos españoles que llevaban el oro y las riquezas de América hacia Europa. Por lo tanto, durante el auge de la piratería en el siglo XVII fue atacada y saqueada numerosas veces por los piratas que abundaban esos mares, atraídos como moscas por la riqueza extraída del nuevo contienente. A pesar de esta situación, la ciudad no contó con un perímetro sólidamente fortificado hasta después de 1685, cuando un filibustero holandés -apodado por los españoles Lorencillo- ocupó y saqueó por dos meses y medio la ciudad. La ocupación pirata fue traumática para Campeche: Lorencillo saqueó meticulosamente la ciudad, amenazó con fusilar a todos sus habitantes a cambio de un rescate e incluso empezó a hacerlo, hasta que fue convencido por las autoridades españolas de tomar el rescate que se le ofrecía y retirarse. Inmediatamente comenzaron la construcción de los enormes muros que ahora son motivo de preservación patrimonial y atracción del turismo.

Pasamos dos días recorriendo los bastiones, murallas y las viejas calles de Campeche, hasta que Karina se sintió recuperada y volvimos a tomar nuestras bicicletas y partir hacia Mérida, estado de Yucatán. En lugar de tomar la ruta más directa, fuimos por una carretera secundaria que, además de menos tránsito, pasa por varios sitios arqueológicos mayas, la mayoría de ellos de uno de los más interesantes de sus estilos arquitectónicos, el llamado Puuc. El más conocido e impresionante de estos lugares es la gran ciudad de Uxmal (se pronuncia Ushmal), a la que nos dirigimos.
Ver las fotos del recorrido entre Palenque y la ciudad de Campeche.

LA RUTA PUUC
La carretera por la que nos internamos en la zona maya del Yucatán era estrecha y con poca población, en relación a todas las que habíamos transitado hasta ese momento en México. Alternaba subidas y bajadas que nunca llegaban a ser demasiado largas o empinadas pero que hacía irregular el andar. Karina ya estaba completamente restablecida y abandonamos la zona costera que veníamos recorriendo desde hacía un tiempo para meternos en el interior de la península. Esa noche dormimos en un pequeño pueblo llamado Hopelchén. Al anochecer, todo el pueblo estaba en la calle, pues se cortaba una inmensa rosca de Reyes en la plaza. A las 9, ya estaban todos en sus casas.

Al día siguiente la ruta torció hacia el Norte. Ya habíamos pasado una primera ruina maya, un sitio llamado Tohkob, al costado de la ruta. Los constructores de la carretera habían pasado el sitio por encima, partiéndolo en dos y usando parte de sus piedras para hacer la base del camino. Un guía-cuidador muy sonriente y servicial nos contó todo esto y una serie de profecías mayas que anuncian la destrucción del mundo para dentro de un par de años, por supuesto esperando una propina, sin dejar mucha opción. Pero de algo hay que vivir.

En este tramo nos fuimos cruzando con un ciclista alemán, Herbert, que estaba haciendo nuestro mismo recorrido. Visitamos juntos una gran zona arqueológica Puuc, llamada Kabah, que entre otros edificios tiene un magnífico palacio con bajorrelieves y frisos de gran belleza.

Paramos luego en el pueblo de Santa Elena, unos 15 km antes de Uxmal, al que decidimos dedicarle bastante tiempo al otro día. Cenamos con Herbert, con el que tuvimos una animada conversación. El alemán había recorrido el sudeste asiático poco tiempo después que nosotros lo hiciéramos en el curso de nuestra Vuelta al mundo en tándem.

Uxmal nos asombró por la grandiosidad y exquisita arquitectura. Especialmente la Pirámide del Adivino, el Templo de las Monjas y el Palacio del Gobernador (todos nombres puestos por los españoles) nos llamaron la atención por sus detalles y formas. La ciudad pertenece al período Clásico Terminal (una secuencia arqueológica de denominación poco feliz), que podríamos ubicar temporalmente entre Palenque y Chichén Itzá, la gran ruina maya que seguía en nuestro itinerario.

En Uxmal nos despedimos de Herbert, con el que habíamos hecho una breve amistad de compañeros del camino, y seguimos viaje pasando por el pequeño pueblo de Muná y, en otro día lluvioso, llegando a Mérida, la capital de Yucatán.

Una ciudad grande, la mayor de este recorrido en bicicleta, con un centro histórico que ya resulta pequeño en relación al crecimiento posterior y que no nos gustó demasiado. Sin embargo, pasamos una estancia agradable. La gente es muy conversadora, había mucha oferta de actividades culturales debido al aniversario de la ciudad (que se cumplió el 6 de enero pero que festejan durante casi 20 días), y presenciamos algunas de ellas, tan dispares como un recital de una cantante yucateca llamada María Teresa en homenaje a Mercedes Sosa (curioso, vamos a un recital en México y escuchamos música argentina) y un festival callejero de cumbia de la banda Sonora Dinamita, con gente de todas las edades bailando en la calle.

Saliendo de Mérida hicimos la etapa más larga del recorrido: 125 km hasta Pisté, un pueblo al lado de las ruinas de Chichén Itzá, la mayor ciudad del período Tardío de los mayas.

La visita a Chichén culminó este panorama por los distintos períodos de una de las más importantes culturas prehispánicas. Sus descendientes siguen poblando la región y los distintos dialectos de su lengua los unen, aun hoy, con ese pasado grandioso. El recorrido que nos queda nos va a llevar a otra zona del Yucatán donde esta herencia no está, a priori, tan presente, y el turismo masivo, que busca las playas del Caribe mexicano, la transforma en algo muy diferente a este interior yucateco que ya estamos próximos a abandonar.
Ver las fotos del recorrido por el estado de Yucatán, nuestro paso por algunas de sus ruinas históricas y la visita a Uxmal. Ver las fotos de la visita a las ruinas de la ciudad de Chichén Itzá.
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